No one can find me here in my soul


martes, 20 de marzo de 2012

Poema chino


Tormenta

Maldije a la lluvia que, azotando mi techo, no me dejaba dormir.
Maldije al viento que me robaba las flores de mis jardines.
Pero tú llegaste y alabé a la lluvia. La alabé cuando te quitaste la túnica empapada.
Pero tú llegaste y alabé al viento, lo alabé porque apagó la lámpara.


Wu Kieng (Siglo XIX)

lunes, 30 de enero de 2012

El vórtice del caos

- ¿Cuánto hace que no te enamoras?.- Preguntó subiendo la mirada desde su taza de té, pero no recibió respuesta.- Sabes creo que estaría bien aplicarse la media entre las veces que te enamoras tú y las que me enamoro yo.- Dijo en tono jocoso.
- ¿Tú te enamoras mucho?
- Sería lo más sano.- Hizo una pausa para beber un sorbo de té, que aún estaba muy caliente.- Cuando idealizas a alguien sólo tienes en cuenta sus virtudes y obvias los defectos. En cambio, para amar es necesario aceptar los defectos de la otra persona.- Él parecía tenso por el tema de conversación.- Úlltimamente he pensado que en realidad no me enamoro tanto, sólo es que tengo la capacidad, por decirlo de algún modo, de ver las virtudes de los demás demasiado pronto.- Hizo una pausa para beber un poco de té y continuó.- Cuando idealizas a alguien es como si tuvieras delante a un ser sobrehumano.- Él removía el poco té que le quedaba.
- Pero seguro que también has odiado alguna vez.
- Sí, odiar sí que odio.- Le respondió con una mirada penetrante.
- ¿A quién odias?.- Le preguntó expectante. El gesto de la chica se entristeció.
- ... - Bajó la mirada y tras una pausa, confesó.- A veces odio el silencio.


                                                                                                                                      (15/09/2011)

lunes, 3 de octubre de 2011

Paraisos efímeros

La nostalgia se velaba con el éter púrpura y naranja.
En otra densidad floté crucificada,
entre fulgores de líquida plata y crestas doradas.
Cristal agitado como la respiración de una muchacha presta a ser desvirgada.
Suelo arado por el lamer de las ondas que acarician las caderas y golpean los costados.
¿Quién me untan el alma con un bálsamo para soplar encima después?
La soledad no pesa tanto como el vacío de una ausencia.