Mi mano se ensucia de manchas rojas a consecuencia de la tos, me sorprende aunque no me alarma. Está allí como un muñeco roto, desnudo y tumbado en el suelo con la mirada vacía.
He quedado con un hombre, parece como si él me conociera o me estimara. Es amistoso.
En su casa conozco a su amigo, me gusta. Hablamos brevemente de cosas triviales y me marcho.
Me detengo en la calle junto a otras personas para observar con apatía una fiesta dentro de un escaparate.
Gente bien vestida se divierte entre maniquíes blancos, ajenos al exterior.
¿Gabriel?¿Es su amigo?
Hay un cuenco negro bajo el agua. ¿Lo sostengo o sólo lo observo? Está lleno de caballitos de mar.
Despierto. Me duele la garganta.
No one can find me here in my soul
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miércoles, 24 de abril de 2013
jueves, 4 de noviembre de 2010
Exultante apremio
Las buenas intenciones chocan con una fría piedra. Ya sólo queda un cúmulo de huesos y de
recuerdos a los que ofrecer pequeños pedazos de vida. Hermosas flores que nadie
disfruta. Y que, desde un lugar alquilado por años, nos gritan: ¡Nadie es
inmune al paso del tiempo! Mi efímera belleza se diluye en tus lágrimas. ¡Corre
y vive!, tan intenso como mi perfume; porque mañana, tú también te marchitarás.
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